sábado, 21 de febrero de 2026

"No hay otra opción" de Park Chan-wook

“No hay otra opción” (título internacional: No Other Choice, original coreano: 어쩔 수가 없다), es la más reciente de Park Chan-wook (el director de Oldboy, La doncella, Decision to Leave), estrenada en 2025. Es una adaptación muy libre de la novela The Ax de Donald E. Westlake (ya había sido llevada al cine por Costa-Gavras en 2005), pero trasladada al contexto surcoreano contemporáneo con el estilo inconfundible del director: mezcla de humor negro muy oscuro, violencia estilizada, crítica social afilada y una atmósfera inquietante que va escalando hasta volverse perturbadora.
La historia gira en torno a Man-su (interpretado por Lee Byung-hun), un hombre de mediana edad que ha dedicado más de 25 años a una empresa papelera. Un día lo despiden sin contemplaciones (la frase cruel que repite la empresa: “Lo sentimos, no tenemos otra opción”). En un mercado laboral hipercompetitivo, especialmente para alguien de su edad y en una industria en declive (con toques de automatización/AI), se desespera por mantener a su familia. Tras ver que un puesto que desea tiene varios candidatos fuertes, llega a una conclusión lógica pero monstruosa dentro de su cabeza: si no hay vacante para él, tiene que crear una eliminando a la competencia. Literalmente empieza a asesinar (o intentar asesinar) a otros aspirantes al mismo empleo.
La película es inquietante precisamente porque Man-su no es un psicópata clásico: es un tipo corriente, un “buen hombre” de familia, responsable, que ha seguido todas las reglas del sistema… hasta que el sistema lo desecha. Y entonces internaliza la misma lógica fría que usaron para despedirlo: “no hay otra opción”. El mantra se repite como un eco irónico a lo largo de toda la cinta, tanto por los jefes corporativos como por el propio protagonista cuando justifica cada asesinato.

YO, A CAUSA DE MI FORMACIÓN EN PSICOANÁLISIS, NO PUEDO EVITAR LA CONDENSACIÓN Y EL DESPLAZAMIENTO:

¿Podemos plantear un paralelismo con los países que aniquilan poblaciones enteras para quedarse con sus tierras?

Es un paralelismo que invita a una lectura más amplia, aunque lo hace a escala individual para que duela más.

En la película → Un individuo, empujado por la escasez artificial (pocos puestos de trabajo en un sistema que genera desempleo masivo), decide que la única forma de “sobrevivir” es eliminar físicamente a los otros competidores. Mata por un recurso limitado (el empleo), convencido de que “no hay alternativa”.
A escala histórica / colonial → Potencias, ejércitos o élites económicas aniquilan poblaciones indígenas o comunidades (actualmente Palestina) para apoderarse de tierras, recursos naturales, minas, petróleo, agua, etc. 
Usan la misma lógica: “No hay otra opción”. El territorio es “escaso” (o lo hacen escaso al reclamarlo todo), la supervivencia económica del imperio/empresa/elite está en juego, así que hay que “limpiar el camino”. Se deshumaniza al otro (como Man-su deshumaniza a sus rivales: ya no son personas con familias, son “obstáculos”), se inventan justificaciones morales/económicas (“progreso”, “civilización”, “necesidad de desarrollo”, “seguridad nacional” "terrorismo") y se repite el mantra: no había otra opción, era esto o la ruina.
Park Chan-wook (y el cine coreano en general, véase Parásitos, El huésped, etc.) suele mostrar cómo la desesperación no surge en el vacío, sino que es producto directo de un sistema que fabrica escasez, precariedad y competencia salvaje. 
En la película, el capitalismo tardío convierte el trabajo en un bien tan finito y vital como la tierra para sectores de ambición perversa.
Matar por un puesto de trabajo no es muy diferente, en esencia, a desplazar/matar por una mina de litio, un yacimiento de gas o hectáreas de cultivo: en ambos casos, alguien decide que la vida del otro vale menos que mi continuidad económica.

Lo más perturbador es que la película no presenta a Man-su como un monstruo innato, sino como alguien que se va convirtiendo en eso al aceptar las reglas del juego hasta sus últimas consecuencias. Igual que muchos procesos históricos de conquista no empezaron con genocidas declarados, sino con gente “práctica” que decía “es esto o nos hundimos”: ¿a quiénes te recuerda?

En resumen: es una película muy incómoda porque te obliga a mirarte al espejo y preguntarte hasta dónde estás dispuesto a llegar cuando te convenzan de que “no hay otra opción”. Y el paralelismo con las limpiezas étnicas/coloniales por recursos es casi inevitable: la misma lógica utilitarista y deshumanizante, solo que cambia la escala; convirtiendo la perspectiva en terrorífica.

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