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amanecí en ese sótano donde el fuego cabalga sobre el fuego,
soñando
la rodilla imploró compasión
prosternada ante sí misma y los suyos
-genes antiguos como montañas antiguas-
hijos del viaje y del mar
con voz de ceniza
cantan
hoy
los océanos
en ese amanecer triste
en ese sótano
que no entiende de rodillas
ni de mapas
ni de vientos