martes, 7 de agosto de 2012

Boris Pasternak

Boris Pasternak en el Primer congreso de escritores soviéticos de toda la Unión”, en 1934:
La poesía es la prosa..., la prosa misma, la voz de la prosa, la prosa en acción y no en relato. La poesía es el lenguaje del hecho orgánico, es decir, del hecho con cosecuencias vivas. La prosa pura en su tensión de trasmisión es la poesía”.
Esta definición pone en entredicho la noción de género. No hay más que una sola escritura, que es un acto, un movimiento orgánico que se trasmite físicamente... independiente de la forma adoptada, novela, poema...
La poesía es esencialmente la fuerza del lenguaje. Esa voz de la prosa que puede tomar todas las formas posibles sin estar determinada por ninguna.
Afirmar, como hace Pasternak, que “la poesía es la prosa”, es conservarle esa calidad sin la cual  no puede existir: la de lo desconocido.

viernes, 27 de julio de 2012

Cuaderno de Torino



I

El bosque vino en segundo lugar

después llegaron las piedras y los abuelos velando las siestas.

El mar fue lo primero, y en él

la noche.

II

 
Su nombre fue espacio, luna,

insondable misterio.

Con nombres transformó la luz.

Con luz se transformó a sí mismo.

Ahora, electricista,

cree encender y apagar a su antojo.

III

La noche sigue riendo, a veces en Tokio.

Hoy, encarnada en mosquito,

aguijonea mi pie

aquí en Torino.

IV

Para mis oídos la luz más hermosa es la de tu voz cantando Amapola.

Pintada de verde cuando es feliz, pintada de azul y de mar cuando es vida

la luz estalla en fuego y en barro hasta convertirse en metal.

Allí se detiene.


Reja, puerta, llave, ascensor, metralleta, coche, tren, cuchillo.

V

Hierro de noche. Hierro

el nombre del hombre sube a un avión y detrás deja

El bosque.






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miércoles, 25 de julio de 2012

CANCIÓN ERRÓNEA, ANTONIO GAMONEDA

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No hay causa en mí. En mí no hay
más que cansancio y
un antiguo extravío: ir
de la inexistencia
a la inexistencia.
Es
un sueño.
Un sueño vacío.

Pero sucede.
Yo amo
todo cuanto he creído
viviente en mí.
Amé las manos
grandes de mi madre y
aquel metal antiguo
de sus ojos y aquel
cansancio lleno de luz
y de frío.

Desprecio
la eternidad.
He vivido
y no sé por qué.
Ahora
he de amar mi propia muerte
y no sé morir.

Qué equívoco. 





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Yo soy Dario Lemos




Yo soy de nombre y apellido dariolemos. Todo el mundo cree que dice una gran verdad cuando declara que existe.Yo digo para contrariar la verdad que yo no existo. Mido 1,76 en verano y 1,78 en invierno. Soy la dimensión de las estaciones. A veces, cuando no tengo que pensar, mido por kilómetros la angustia y la inutilidad de vivir.
Visto simplemente, sin exageraciones, con un formidable desdén por la moda. Tengo chaqueta de aviador que nunca estuvo en la guerra.
Vivo de la poesía, o mejor, la poesía vive de mi. Nunca tengo dinero, ni me interesa. Tengo en cambio abundantes amigos que pagan por mí en tributo a mi genio y a la amistad que les concedo por minutos, pues nadie es digno de mi compañía.
Las mujeres se derriten de deseos bajo este sol tropical, porque yo cobro las miradas y los besos a precios muy altos y generalmente en dólares.
¿Qué más puedo decir de un poeta excepcional como yo?
Bailo rock and roll cuando la marihuana relaja mis músculos… De noche, cuando la ciudad duerme, me provoca asaltar a los ciudadanos, abofetearlos y gritarles que van a morir que desocupen la soledad, esos dominios de la poesía en los que me paseo como un emperador.
En síntesis, soy un poeta sin antecedentes, y no dejaré sucesores. Conmigo nace y muere la poesía. No diré otras cosas porque no duermo esta noche.
¡Ah, se me olvidaba decir que no amo a nadie, y que nada me interesa!

Dario Lemos



poema de Dario Lemos

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Ahora que puedo no sólo mirar sino “ver” desde mi cama
las aguas de un mar sin sal y sin ahogados;
ahora que puedo guardar esas montañas en el bolsillo
donde guardaba los cigarrillos amargos;
ahora que ya casi viajo donde el animal tiene que viajar,
voy a mirarlo todo con sonrisa de armonía sangrante,
voy a ponerme nuevamente la pierna derecha,
voy a poner un serrucho en cada encía
y voy a “vivir” hasta que muera.
Y posiblemente amaré las mañanas
y nuevamente algún crepúsculo peinará mis cejas.
¿Crees alma mía que este cuerpo fatigado y rebelde,
medio cuerpo que antes fuera armónico,
quiera soportar más esta tierra deslucida y cruel?
¿O mi cuerpo agrietado permanecerá eterna tea?
¿Llegarán los vientos como las argollas
que llegaban a mi niñez de pececito sabio
a refrescar los latigazos de bambalina
con que mis padres y sacerdotes españoles
castigaban mi manera de mirar azul?



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LOS SERES, en caja


A más demanda más tiempo.
La única salida es respirar.

Si grita pierde
si se mueve pierde
el pensamiento importa
el control importa,
aunque siempre pierde.

No obstante quiere conseguir algo mejor
un jardín con flores
cama buena
el abrazo de una mujer.

El tipo corre
se levanta
lucha.

Se queja, se queja, se queja
(dentro de su mente).
Hacia afuera suelta cosas
objetos, obras
se entretiene en una sofisticada transformación.

Durante el día corre hacia la noche, sin pensar
después cae redondo.

Lo único que ha conseguido es
un lugar para dormir.

¿Seguro?
¿Quién sabe?

Utilizó un millón de años para llegar hasta él.



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LOS SERES, veinte

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Se lo toman muy en serio, controlan los latidos del fuego y del aire,
ya practicaban antes de nacer.

Estuvo escrito en las piedras del tiempo,
en unas palabras como piedras que encajaron sin fisura
hasta construir un muro imposible de saltar.

Tras él no se añoran las risas ni el mar,
tras él se puede ser niño, ser joven, vivir para siempre.

Ser para siempre es su forma de Ser.

A eso se dedican. Así son,
forman parte de una escalera tendida hacia lo alto
y suben sin parar.

El resto somos nosotros.



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LOS SERES, quince

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Murieron al poco de nacer, unos quince días después, no lo recuerdo.

Eran débiles. Fueron alimentados con ideas débiles.

No tenían alegría, solo intentaban atravesar las tormentas
bajo techos de zinc donde la lluvia calaba unos sueños de amor que
resistieron solo quince días.

En realidad se formó una laguna de cianuro alrededor de la cosa y en la línea del tejado se envenenaron las sonrisas.

Venían de un terreno donde cultivar no era posible.

Fueron armando la penuria en su constancia y llegó el día de la verdad.

Calló como un hacha sobre el vértigo de vivir en semejante torpeza.

Fueron verdes antes de tiempo y verdes quedaron para siempre.

Sin modo de salir de un pozo destinado a ser ciego, ahora son los últimos de la fila y huelen mal.



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jueves, 28 de junio de 2012

Ortografía indecisa

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No sé por qué ocurre tan rápido. El cuaderno se llena.

Pagar el precio, rescatar la risa y el mar.

Si consigo estar alegre y llena de fuerza llegará la noche 
anterior a esa
en la que
me sueño en un lugar extraño, demasiado frágil, sin saber, perdida.
Aunque si consigo estar despierta entenderé los signos. 
Las hogueras 
serán benignas y orientarán las naves hacia tu lugar.

Qué mano se distrajo. Qué desorientación se impuso.
Qué negligencia, desorden, curiosidad.
Sí, curiosidad, ojala seas tú. Y perdida de mí, perdida
incluso perdida, podré encontrar el cruce entre tu risa y mis ojos.

Será suficiente con extender la mano
trazar
una ecuación que señale en la arena tu risa
estirarme
acariciar el papel como un lápiz
marcar una cruz y saltar.

Caer en tu risa.




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UN LUGAR DONDE QUEDARSE, de Paolo Sorrentino. “De lo siniestro a la sonrisa”


Una historia de siempre

La película de Paolo Sorrentino, Un lugar donde quedarse, pone en escena la búsqueda de un lugar donde el ser pueda alojarse por fuera del sufrimiento. Peripecia enfrentada por un personaje que mantiene una relación irónica a la vez que certera con la verdad, exigiendo la respuesta a ciertas preguntas cruciales. Recorrido que hace Cheyenne con una caracterización gótica que nos introduce de lleno en la cuestión de la máscara. Un lastre que habrá que soltar para desmontar ciertos secretos que mantienen la vida en las lindes de la muerte.

Como propone el film, alcanzar paz y ligereza, sentirse a gusto, exige una travesía bastante compleja. Frente a este drama de carácter universal nos coloca Sorrrentino con el siguiente argumento: la caza de un nazi por un rockero voluntariamente retirado que conoció la gloria y que se mueve como un indigente con su carrito a cuestas guiado por el diario de un padre al que no ve desde hace treinta años y que acaba de morir. Rockero que lo único que sabe es que algo va mal, aunque no sepa decir qué es.

Se trata de una historia de siempre en la que veo un homenaje a la eterna pregunta por el Ser, rueda libre de patente que girará mientras exista lo humano.

Una verdad verdadera

En el principio está la persona como disfraz. Un hombre que sobrevive cargando un lastre. Alguien frágil que no sabe exactamente quién es.

He aquí la situación del personaje que interpreta Sean Penn, personaje que Sorrentino enfrenta a la bestia encarnada por un nazi.

La posibilidad de encontrar un lugar donde quedarse tiene que ver con enfrentar al menos una vez a ese monstruo.

Esta es la epopeya de Cheyenne. Un viaje al núcleo de su propio miedo. La búsqueda de una comprensión que le permita vivir sin culpa. Actuar por fuera de la inopia que proyecta un zombi.

En mi opinión esta route movie que parte con la noticia de la muerte de un padre al cual ni se ve ni se oye desde hace treinta años, cuenta con un momento crucial en el que se sustenta la fuerza del personaje y su relación con la verdad. Ese breve paréntesis resulta sobrecogedor por la carga de soledad que pone en juego y porque frente a eso no hay mucho que decir. Aunque la mujer de Cheyenne, Jane (Frances McDorman), cariñosamente desdibuje su envergadura.

Él dice, acurrucado entre las sábanas y mirando hacia la pared: “Creo que estoy un poquito deprimido”. Y ella lo abraza, intentando corregir: "A lo mejor confundes depresión con aburrimiento”.

Hasta el momento del viaje en busca de su padre enfermo Cheyenne se nos muestra como un hombre disfrazado, rutinario, atormentado por las consecuencias de ciertas canciones siniestras que llevan al suicidio, conmovido y comprometido con la tristeza de otros; rico, famoso y unido a su entrañable mujer.
Pero dónde está él realmente.
Carga con algo, algo que tiene ruedas y se mueve como una letanía. Algo extraño, un objeto que no encaja en su existencia de millonario y lo señala como portador de una indigencia.
Considero que sin ese momento previo en el que el sujeto se ahoga en su propio vacío y verbaliza, como puede, con un hilo de voz: “Creo que estoy deprimido” -afirmación que puede resultarle incomprensible incluso a él mismo, pues lo tiene todo-, no resulta posible lo que viene después.

Un lugar interior

El valor de ponerse a caminar hacia lo desconocido se nutre de una ruptura profunda que nada puede taponar y que sólo admite ponerse en marcha hacia un lugar donde resulte satisfactorio detenerse. Ese lugar es interior, constituido por una respuesta que le revele al sujeto algo sustancial sobre su propio ser. Pero, esta búsqueda que no cesa ante lo que parece imposible -La caza de la bestia, metáfora maravillosa de la búsqueda de respuesta a la pregunta sobre el lugar que ocupa el sujeto en el deseo del otro, encarnado por el padre-, solo puede alcanzar cierto éxito si se dan las condiciones propuestas en esta película: El vacío de Cheyenne, su deseo decidido de saber, y la ayuda del cazador de fantasmas (personificados por los nazis) que, con su experiencia, sostiene al sujeto en ciertos momentos.

El miedo a volar

Cheyenne se apeó de la relación con su padre a los veinte años. Cuando esa relación vuelve a rodar el padre está gravemente enfermo. Quizás podría haber llegado a tiempo para despedirse, pero a causa del miedo a los aviones se traslada de Irlanda a Nueva York en barco y lo encuentra muerto.

El padre deja dos cuadernos: uno de dibujos y un diario. Leyéndolos Cheyenne descubre los detalles de la vida de su padre que se consumió en la persecución de un nazi, Aloise Lange, personaje asociado a una humillación que sufrió en los campos de concentración de Auschwitz.

Sobre el pasado juntos Cheyenne nos dice que a los quince años decidió que su padre no lo quería porque se maquillaba y que poco después se fue a vivir a Irlanda.

El padre llevaba un número impreso en el brazo sobre el cual le dijo que era su número de teléfono.

A través de la lectura del diario descubrimos que el padre pone en juego algo de su goce en la escritura. El relato de su vida está cargado de belleza aunque resulte doloroso: "Antes del infierno mi vida puede resumirse en una sola palabra, despreocupación".

Jamás nombra a su hijo.

La deuda con el padre

A partir del descubrimiento de la historia del padre surge el deseo de seguir adelante con la caza del nazi. Empuja la pregunta: ¿Quién era mi padre y qué sentía por mí?

El recorrido a partir de aquí deja claro que Cheyenne tiene gran habilidad para conseguir lo que se propone. Él es él.

Con llanto, ironía, amor, perseverancia y asombro, logra terminar, a su manera y con bastante éxito -no en vano fue una estrella del rock-, la tarea que emprendió su padre: Vengar una humillación.

Conmueve la ética del personaje. No ha mostrado ni un sólo momento de frivolidad en toda la película. Dejó la música cuando comprobó que sus mensajes siniestros eran peligrosos. Empatiza con la gente que sufre y trata de aportar su granito de amor. Se muestra sensible ante lo que va mal e intenta introducir elementos que alejen la tristeza: la cena para Mary, las visitas a su madre, la canción y la piscina para el hijo de Rachel. Detalles que muestran su sensibilidad hacia el sufrimiento y su deseo de aportar un alivio.

Creo que esta posición ética explica el compromiso que asume ante la extraña tarea de salir a cazar un nazi. Asunto peliagudo que sin embargo renueva su vitalidad.

Él se siente a gusto haciendo algo para reparar lo que va mal. Se mueve guiado por la intuición y cuenta con el instinto propio de un artista. Es un sujeto que se ubica del lado del encuentro y, finalmente, obtiene una satisfacción.

Si bien es injusto que su padre haya muerto antes que el torturador, también es cierto que la admiración que despliega el nazi cuando habla del padre y de su perseverancia en la búsqueda, representa una respuesta importante para Cheyenne. Él alcanza un cierto saber, algo de más valor que disparar un revólver.

Al final cambia. Se quita la máscara y en su rostro brilla una luz que se refleja en alguien que le importa, la madre de Mary.

El lugar donde quedarse es el del propio deseo. Y el deseo de este personaje, al menos a los cincuenta años, tiene que ver con proporcionar alegría a la gente que quiere.


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miércoles, 20 de junio de 2012

Día noventa

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Con hierro aniquilarás su cuerpo y lo creerás vencido

Girarás la manivela de la codicia en la dirección de las agujas del miedo
y lo creerás vencido

pero jamás conocerás el calor de las manos donde la vida 
descansa del insomnio
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martes, 5 de junio de 2012

día sesenta

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y yo, a caballo. Campo, sol, y mar
mar azul y aire fresco, cálido
agua fresca, limpia
risa, Reír

y él, el que me ama y a quien yo amo, sonríe.
Es bello, entiende y sabe que existir es deslizarse
porque la lucha es ruina, finalmente.
Quien no respira al compás, en su estar y cambiar
tropieza con una roca.
Nada que ver, ni saber, adelante
la dura roca es siempre amargura. Pero él y yo, en bicicleta
recorremos el sendero juntos.
Porque sí, siempre estará conmigo.
Con sus sueños redondos como el mundo, con el mundo redondo entre sus manos
para mí
llenarme de risa

Y; sí, sí, sí
te amo, eres todo sólo porque eres tú
mío, a mi lado, conmigo; y te amo.

Yo-tú-nosotros
juntos en el espacio infinito de un soplo de risa,
de sol
un rayo
un paso
un pedal
y la risa adelante
aunque no se sepa quién, ni cuándo, ni por qué.