Para que África deje de saltar vallas infames
ponemos la fe en su cultura
y en el desarrollo dentro de su propia tierra
y en el desarrollo dentro de su propia tierra
Saltar
Filas de emigrantes subsaharianos cargan bultos de baratijas a la espalda y
atraviesan las calles sonrientes y acariciados por un sol de invierno que
brilla en sus pieles con la alegría de la esperanza.
Filas
de piernas caminan y mueven bolsillos vacíos del peso de los documentos
de control, de las cartillas de los bancos, de los seguros médicos, de los
sellos de la demanda de empleo en el Inem.
Subsaharianos
bajo el sol, con los bolsillos llenos de aire y baratijas a la espalda me regalan hoy una sonrisa, una pregunta, un instante, su belleza en este encuadre absurdo, de calles sin amor.
Navegar
Hablemos de Europa y del siglo XXI, tiempo de superproducción, la tierra
prometida exhibiendo su primavera, donde muchos desean vivir y llegan desde
lejos dispuestos
a jugarse la vida en la esperanza del euro.
Si
se requieren diez ahogados para un superviviente, lo aceptan. Creen en el
destino y a él se entregan sumisos.
A la hora de sobrevivir, en las tierras olvidadas del progreso, la vida es muy barata, y ellos
simplemente son vida, o sea dones de la naturaleza. Solo
el destino puede redimirlos de tan inhumana condición y a él se entregan lo antes
posible.
Le hacen la pregunta donde no hay escapatoria: En alta mar. La patera es un santuario contundente.
Le hacen la pregunta donde no hay escapatoria: En alta mar. La patera es un santuario contundente.
De allí saldrán los elegidos o se verterá su sangre como ofrenda para atraer
días de prosperidad.
Todo
está escrito en el gran libro de la vida, aunque el hambre sea analfabeta.
A los ojos de la Europa verde, defensora de los toros y de las gallinas, el espectáculo es lamentable, no obstante raras veces sobrepasa el interés de otros asuntos y los informativos dedican escuetos comentarios a esta lucha por un trozo de pan, que además de trágica, resulta vergonzosa.
A los ojos de la Europa verde, defensora de los toros y de las gallinas, el espectáculo es lamentable, no obstante raras veces sobrepasa el interés de otros asuntos y los informativos dedican escuetos comentarios a esta lucha por un trozo de pan, que además de trágica, resulta vergonzosa.
Así
transcurre la vida, aquí en Europa. Ya navegado el siglo XX.




