domingo, 10 de abril de 2011

La noche boca arriba, de Julio Cortázar


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Literatura y Psicoanálisis, tertulia de Liter-a-tulia en el cafe Este o Este.


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¿El tema?, un cuentito de Julio Cortázar: “La noche boca arriba”.
Un hombre cuya moto ronronea entre sus piernas choca contra una mujer y se desploma sobre la calzada. Se trata simplemente de Él, de alguien que no tiene nombre para sí mismo. De hecho, quién podría nombrarlo, el Otro de la representación, indiferente y con desprecio, lo convierte en un objeto.
Choque contra lo real. Pérdida de la visión. “Fue como dormirse de golpe”. El sujeto se fragmenta.
Accidente, muerte, sacrificio, sueño. Agujero, vacío, ruptura, defensa, sexo, puñal.
¿Qué otra posibilidad hay cuando cae “la noche boca arriba”, como él cae, advirtiendo “que hay un hueco, un vacío que no alcanza a rellenar… como si en ese hueco él hubiera pasado a través de algo o recorrido distancias inmensas”?
¿Conciben una forma más poética de hablar de la castración que la que utiliza Cortázar en este párrafo?
Hacer poesía con la Sexualidad y la Muerte tiene mérito. Y aquí hay poesía, tanto en Cortázar como en los contertulios.
Confieso que me sonrío, río, y divierto. Que se me achispan los ojos y el alma al oír hablar a estas gentes que, como laboriosas hormigas se dejan “asociar” hasta construir un puzzle entorno a este relato -uno de los muchos posibles… tal vez-, sumamente hermoso.
Cortázar, con genialidad, nos confunde entre dos sueños realistas: El de alguien que va en Moto, y el de un Moteca (¿Coincidencia o pista? ¿En vano Moteca consuena con Moto?).
Los sueños se alternan. Él va y viene en un baile de espejos donde sus piernas extravían la calzada y pierden la moto, significante de una virilidad que lo aplasta contra el cemento ante la indiferencia de una mujer sobre la cual recae la culpa.
Todo transcurre entre la noche -significada por los ojos cerrados y la ausencia de representación-, y las hogueras: Una a la que el sujeto se acerca para confortarse (en el hospital), y otra, donde lo abraza el horror (en el sacrificio de los guerreros Aztecas).
¿Qué otro camino cabe, sino el absurdo, para significar una verdad que no se deja: El goce de matar, lo insoportable de acabar convertido en un objeto de ese mismo goce?
¿Quién sueña, quién es soñado? Mariposa o poeta, lo mismo da. “En la mentira infinita de este sueño” la verdad se dice a medias, y se dice por el camino del absurdo. Mensaje a descifrar, que es lo que hacemos hoy los psicoanalistas en esta tertulia y con este relato donde late un núcleo, ombligo del sueño, punto de fuga de un significado imposible de decir.
Cortázar y yo, y algunos de los aquí presentes disfrutamos de esto.
Al salir me pregunto: ¿De qué disfruta la gente que desconoce el psicoanálisis de Lacan con Freud?

2 comentarios:

Alberto Estévez dijo...

Querida Sara, no puedo responder a tu pregunta, no sé de qué disfrutan aquellos, pero puedo decirte que para mí, la posibilidad de contar con una herramienta tan potente como es el psicoanálisis lacaniano para enfrentar a Cortázar, por ejemplo, me proporciona un goce mejor, un lazo más vivo, y objeta la deriva ignorante que postulan nuestros días.

Miguel Ángel Alonso dijo...

Querida Sara: Sólo un breve comentario para expresar la satisfacción que tengo por poder acceder así, con toda facilidad, desde Liter-a-tulia, a tu blog. No recuerdo en que contingencia feliz se dio a conocer, para sin más, volverse a marchar dejando el recuerdo de una palabra sugerente. Era su signo, vieira peregrina, ya está aquí y ya está allí, su letra ubicua. Un fuerte abrazo y felicidades por tu fantástica escritura. Miguel Alonso.