En este mundo, que alguien esté a salvo de la mierda ya es un milagro.
Y no es misticismo, eh. Es estadística pura: miles de gatos nacen en callejones, uno se sube al metro,
otro cae en tu balcón y se queda porque hueles a atún.
Es como la lotería, pero con bigotes.
Así que cada gato con sofá es un recordatorio de que,
aunque todo arde, a veces
alguien escapa del incendio.
Y eso vale la pena cuidarlo.
Al menos tu gato y tú tendréis algo por lo que seguir respirando.
Y eso no es poco.
En este circo, que alguien te ronronee en el pecho a las tres de la mañana…
eso ya es resistencia.
Es bendición, aunque sea un gato.
Aunque sea una taza de té.
Aunque sea un techo que aún se mantiene firme.
A las tres de la mañana, con el mundo en llamas,
cualquier cosa que siga entera es bendición.
Y si ronronea,
mejor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario